DEFENDAMOS LA VIDA

¿Por qué tenemos miedo a decir la verdad?
Padre Shenan J. Boquet
Presidente
Human Life International
Después del Domingo de Respeto a la Vida en EEUU, he recibido mensajes electrónicos de amigos míos en los cuales me han dicho que escucharon hablar muy poco o prácticamente nada acerca de la vida y la familia desde el púlpito. Tal parece que algunos párrocos tienen miedo de predicar el Evangelio de la Vida o tienen algo más importante de qué hablar, aun cuando se trata del día que los Obispos han elegido precisamente para predicar acerca de estos temas.
La falta de predicación del Evangelio de la Vida no es solamente un problema en EEUU. Durante los congresos de HLI, escucho los mismos comentarios de todas partes del mundo. Subrayo esta preocupación cada vez que hablo a seminaristas, sacerdotes y obispos. Muchas veces la única ocasión que los fieles tienen para escuchar el mensaje acerca de la defensa de la vida y la familia es la Misa dominical.
En general, puede ser que los católicos escuchen una homilía acerca del aborto una vez al año. Puede ser que oigan una referencia ocasional al crimen de la eutanasia – un tema acerca del cual algunos sacerdotes consideran que es menos difícil predicar. Pero la mayoría de las veces los fieles no escuchan a los sacerdotes referirse a los males de la anticoncepción, la homosexualidad, la promiscuidad, la pornografía, la cohabitación o el divorcio.
Tampoco es una ayuda cuando los líderes de la Iglesia aceptan la falsa caricatura de que “la Iglesia siempre está hablando de estos temas”, por lo tanto, dicen ellos, es hora de que hablemos de otra cosa. Aparentemente, “la Iglesia” no ha hablado lo suficiente acerca de los temas que ayudan a los partidos políticos que ahora consideran falsamente el aborto como un “derecho humano”.
Vida Humana Internacional – Der Reservados – 11 de noviembre de 2015 – www.vidahumana.org 2
Vida Humana Internacional
Sección hispana de
Human Life International
Cuando un cardenal dijo hace dos años que no se podía esperar que los católicos que estaban en una segunda unión civil sin la anulación de sus matrimonios fuesen héroes del celibato, muchas parejas que estaban absteniéndose de relaciones sexuales sintieron como si les hubiesen pegado en el estómago. Se preguntaban por qué se estaban sacrificando. Ese tipo de opiniones suena como si la doctrina de Jesús sobre el matrimonio fuese demasiado dura. Tal parece que creemos que “sabemos más” que Jesús y que tenemos “más sensibilidad pastoral”. Decir que la doctrina de la Iglesia – que prohíbe una segunda unión después de un matrimonio legítimo – “carece de compasión” es convertirla en una infame caricatura.
Es verdad que los sacerdotes y los obispos también son seres humanos. Cuando predican de tal manera que la gente se disgusta, no solamente pueden perder parroquianos, también pueden perder dinero en las colectas y recibir mensajes electrónicos hirientes o aún comentarios desagradables en el propio rostro después de la Misa. La mayoría de nosotros conoce estos riesgos muy bien. Pero, hermanos míos, ¡hemos entregado nuestras vidas a un Hombre que se sometió a una muerte terrible y humillante! ¡Seguimos a nuestro Señor, que murió en la cruz por nosotros! Si amamos a los que Dios nos ha encomendado servir en nuestras parroquias – permítanme elegir mis palabras cuidadosamente aquí – ¿cómo rayos vamos a ayudarles si no les decimos la verdad – la Buena Noticia – acerca de la sexualidad y el matrimonio? Estos son temas de carácter pastoral y no pueden ser minimizados como si fuesen “opiniones pasadas de moda” El Papa San Juan Pablo II lo sabía muy bien:
“El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas” (El Evangelio de la Vida, no. 1).
Dios mío, Dios mío, ¿por qué te hemos abandonado? ¿Cómo hemos permitido que el creer en ti, Nuestro Señor, signifique que nuestra vida sea lo más fácil posible y que Tu Ley sólo pueda ser aceptada cuando concuerde con nuestra decadente cultura?


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