Santísima Trinidad y Familia Salvatoriana

MUY ACERTADA ESTA HOMILIA DEL P. LUIS. No hay duda que los laicos y todos estamos llamados con nuestras vidas a atraer jóvenes que asuman este proyecto de Jordán. Una sociedad secularizada que nos lleva al relativismo, sino lo superamos, serán inútiles nuestros esfuerzos. Que el Divino Salvador nos ilumine y fortalezca en nuestra misión. Discípulos y misioneros para dar vida y vida abundante. Chema sds.

SANTÍSIMA TRINIDAD y “FAMILIA SALVATORIANA”.

¿Quién no lleva hoy en su billetera o en su teléfono móvil alguna foto de su propia familia? Normalmente no lleva solamente una, sino muchas fotos.

Hoy celebramos la fiesta de nuestra “familia”: la Santísima Trinidad. La Trinidad es también una “familia”, podríamos decir con lenguaje humano. En la Trinidad se da amor, hay relaciones “interpersonales”, hay actividad, hay creatividad, hay vida…

Los Salvatorianos somos también y queremos ser una “familia” en crecimiento y con todas las notas y características necesarias para ser una verdadera y gran familia.

La Trinidad está en el origen de nuestra fe. Atribuimos a sus divinas personas diferentes actividades en relación con nosotros: al Padre le atribuimos la creación. Al Hijo, entregar su vida para nuestra redención. Y al Espíritu Santo el discernimiento y guiarnos e iluminarnos en el presente y en el futuro.

Se me ha ocurrido una utopía en para nosotros como “familia Salvatoriana” si queremos tener futuro: ¡Debemos imitar a la Santísima Trinidad!

  1. Imitar al Padre en su creatividad. Es decir: no podemos contentarnos con haber recibido una tarea muy bonita, un carisma muy novedoso para su tiempo y una invitación a trabajar en comunidad laicos, religiosas y religiosos. Tenemos que ser creativos y dar una respuesta adecuada a nuestro tiempo. No podemos repetir modelos pasados ni algo que quizás resultó bien en tiempos pasados. El mundo de hoy es muy agresivo con lo religioso y contra lo religioso y solamente hay futuro si vivimos una espiritualidad profunda y comunitaria: naturalmente respetando la identidad de cada rama y su independencia. Se trata, pues, de despertar y, sin temor a equivocarnos, dar respuestas para un mundo muy cambiante, pero que necesita de Dios; Jordán dio su respuesta, nosotros, inspirados y apoyados en él, debemos dar la nuestra.
  2. Imitar al Hijo dando vida. Él entregó su vida, dedicándola día y noche a su tarea y a su misión. “No tenía dónde reclinar la cabeza”. Pasaba mucho tiempo en comunicación con el Padre, en oración, formando discípulos y seguidores, es decir: entregando toda su vida hasta la última gota de sangre por su misión. Nuestro tiempo, nuestra vida, deben estar igualmente al servicio de una gran Misión.
  3. Imitar al espíritu Santo. Él es siempre creativo, abre y rotura siempre nuevos caminos, crea comunidad, acompaña y ayuda a discernir entre múltiples posibilidades. Pareciera a veces que no creemos en él, que no le necesitamos, que nos estorba y no queremos su ayuda para seguir viviendo de forma más cómoda.

Hace dos días pregunté a 2 jóvenes venezolanos, que dirían ellos a una “reunión internacional de Laicos Salvatorianos” el día de la Santísima Trinidad. Y me respondieron con decisión. Diles: “la juventud es el termómetro de la sociedad”. Me recordaron, que esta es una frase agresiva, que yo les dije en una reunión como acicate y estímulo, para que participaran más en la parroquia, en la Iglesia, y en los grupos de los Salvatorianos. Todavía la recuerdan después de varios años.

Echemos una ojeada a nuestro grupo aquí, y en general a nuestras comunidades en Europa, a la luz de esta frase. Seguro que deberíamos hacernos muchos interrogantes. ¿Por qué, en general, -no sólo los Salvatorianos-, no llegamos a los jóvenes? ¿No tenemos nada especial que ofrecerles? ¿No sabemos comunicarlo a ellos? ¿Será que la fe y la vida espiritual no es necesaria? Esto último no lo creo, pues ellos buscan en otras fuentes. Y así cantidad de preguntas que podemos y debemos hacernos, y si es posible encontrar algunas respuestas.

El próximo encuentro europeo internacional será el número VII. El número siete es un número bíblico, es la plenitud, es la perfección. ¿Será que para el próximo encuentro habremos sido capaces de convocar a jóvenes, e invitarlos a conocer y participar de nuestro carisma Salvatoriano y a comprometerse en la evangelización, y que sean al menos un 30% de los participantes? Si no conseguimos esto, probablemente en pocos años no necesitemos ya “termómetro” para medir a la sociedad en general y a la Sociedad del Divino Salvador en sus tres ramas, en particular. “El Señor llamó a otros 72 discípulos”. “El Señor agregaba cada día a los que se habían de salvar” …

En todo caso yo no quiero ser un profeta de muerte y de desgracias, sino un animador de futuros buenos proyectos.

Que el Espíritu Santo nos guíe y nos ilumine en nuestras búsquedas y en nuestra respuesta al carisma Salvatoriano.


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