{"id":1852,"date":"2016-04-25T22:29:53","date_gmt":"2016-04-25T20:29:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=1852"},"modified":"2016-04-25T22:29:53","modified_gmt":"2016-04-25T20:29:53","slug":"la-oracion-y-la-paz-el-riesgo-de-la-confianza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/la-oracion-y-la-paz-el-riesgo-de-la-confianza\/","title":{"rendered":"La oracion y la paz. El riesgo de la confianza"},"content":{"rendered":"<p>LA ORACION Y LA PAZ: \u201cEL RIESGO DE LA CONFIANZA\u201d<br \/>\nHace dos a\u00f1os, en una de mis visitas a Tierras Santas y dada mi atracci\u00f3n por la espiritualidad carmelitana, entr\u00e9 en la cueva de El\u00edas, en el Monte Carmelo, un lugar querido por jud\u00edos y musulmanes, y por los cristianos. Es una cueva que ha sido mezquita y sinagoga, en ella han vivido alg\u00fan tiempo los carmelitas, cuando la restauraci\u00f3n de la vida carmelitana en el Carmelo; all\u00ed nos dejan orar libremente y se celebra la Eucarist\u00eda en alguna ocasi\u00f3n, previa petici\u00f3n.<br \/>\nCuando entr\u00e9 descubr\u00ed que los dos hombres que oraban con devoci\u00f3n, cada uno mirando hacia un lado, eran uno jud\u00edo y otro musulm\u00e1n; me dio respeto su convencimiento, y comenc\u00e9 a orar, recordando al ardiente profeta de Tisb\u00e9 de Galaad.<br \/>\nAll\u00ed est\u00e1bamos los tres rezando juntos, en un mismo lugar, en un momento de tensi\u00f3n pol\u00edtica (por la amenaza de conflictos en Irak). Y tuve la sensaci\u00f3n de estar en &#8216;casa&#8217; con ellos, de no estar tan lejos en el fondo, y quise en silencio unirme a su oraci\u00f3n, por la paz, consciente de que quien se acerca al Dios verdadero recibe un coraz\u00f3n reconciliado. Que son los falsos dioses, los malos inventos sobre Dios y las deformaciones, los integrismos y fanatismos, los que nos alejan, nos hacen enemigos.<br \/>\nAll\u00ed, en la cueva de El\u00edas, unos momentos de oraci\u00f3n, con dos hombres piadosos rezando en silencio, sent\u00ed una alegr\u00eda especial; era la primera vez que oraba tan cerca de un musulm\u00e1n y de un jud\u00edo. Luego volv\u00ed a orar junto al muro del templo, el muro de las lamentaciones, en Jerusal\u00e9n, al lado de jud\u00edos ortodoxos. Tambi\u00e9n en Jerusal\u00e9n or\u00e9 por la paz, en compa\u00f1\u00eda de cristianos de distintos ritos: orientales, armenios, melquitas&#8230; y, despu\u00e9s de sentirme desconcertado por las divisiones que los hombres hacemos, y por los ropajes de que nos ataviamos que nos hacen aparentemente distintos, comprend\u00ed que todos tenemos un coraz\u00f3n igual, y, sobre todo, un Dios que nos ama, que regala la paz y la reconciliaci\u00f3n a quien se atreve a adentrarse cara a cara con \u00c9l, a quien se atreve a confiar en \u00c9l.<br \/>\nY record\u00e9 aquellas palabras de Jes\u00fas: \u00ab\u00a1Jerusal\u00e9n, Jerusa\u00acl\u00e9n, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! \u00a1Cu\u00e1ntas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina re\u00fane a sus pollitos bajo las alas, y no hab\u00e9is querido!\u00bb (Mt 23, 37-38). El gran sue\u00f1o de Jes\u00fas, un pueblo de hermanos: \u00abQue todos sean uno\u00bb (Jn 17).<br \/>\nAll\u00ed or\u00e9 en el esp\u00edritu de Taiz\u00e9, pidiendo un coraz\u00f3n reconciliado y en paz, para m\u00ed y para todos aquellos creyentes. M\u00e1s all\u00e1 de toda diferencia, cuando nuestros ritos y atav\u00edos acent\u00faan lo que nos desune, la oraci\u00f3n sincera, confiada, de abandono, nos regala una comuni\u00f3n de hermanos.<br \/>\n\u00abQuien aspira a una reconciliaci\u00f3n busca escuchar m\u00e1s que convencer, comprender m\u00e1s que imponerse (&#8230;) Descubriremos que cuando tomamos el riesgo de la confianza, nuestro propio coraz\u00f3n se ensancha. Y brota lo inesperado: la reconciliaci\u00f3n se reconoce en nosotros por la paz y la alegr\u00eda que suscita (&#8230;) Elegir la sencillez sostiene en el mundo una comuni\u00f3n universal en Cristo\u00bb Hno ROGER DE TAIZ\u00c9, Carta de Taiz\u00e9 1998 .<br \/>\n          Para vivir reconciliados y en paz os sugiero pensar las siguientes notas:           <\/p>\n<p>\u2666 VIVIR LA PROPIA HISTORIA CON ACEPTACI\u00d3N.<br \/>\nOrar es, al fin, entrar en ese clima en el que nos sentimos queridos por Dios, comprendemos que \u00c9l es Amor Incondicional. Cuando nos miramos en \u00c9l, creyendo en \u00c9l, despegados de nuestro sentimiento ego\u00edsta, interesado, entendemos en su mirar, que nuestra vida, siendo fugaz y extremadamente fr\u00e1gil, es hermosa para \u00c9l, preciosa a sus ojos, y vamos siendo ganados para una paz, que nace y crece en nuestra misma pobreza.<br \/>\nVivir la propia historia sin envidia, aceptar mi aventura, aunque sea dura y dif\u00edcil en estos instantes. Recuperarme a m\u00ed mismo, volver a entrar en mi propia piel, sin escapar de lo que siento y deseo en lo m\u00e1s profundo.<br \/>\nLa oraci\u00f3n no nos pierde, no nos enajena en Dios. Si es verdadera, nos devuelve a nosotros mismos. En su mirada se nos responde a la pregunta: \u00bfQui\u00e9n soy yo?. Y aprendemos a amarnos, porque \u00c9l nos ama con pasi\u00f3n inimaginable.           <\/p>\n<p>\u2666 MORIR.<br \/>\n\u00abCuando hacemos algo debemos consumirnos por completo, como una hoguera bien encendida, sin dejar huellas de nosotros mismos\u00bb. SHUNRYU SUZUKI.<\/p>\n<p>La paz que nos brinda Cristo despu\u00e9s de resucitado, no es la paz que nace de la ausencia de problemas y dificultades, la paz que nace cuando uno est\u00e1 descansado o de vacaciones. Pronuncia la paz sobre nosotros y viene de morir por amor, tiene las manos, los pies y el pecho taladrados, traspasados. Esa es la paz que nos promete, la que nace de entregar la vida. Nos deja su paz, cuando somos capaces de morir por amor en cada instante.<br \/>\nOrar no es otra cosa que aprender a morir, como la vela que se consume lentamente mientras regala su fr\u00e1gil luz.<br \/>\nLa paz no puede brotar de quien ha hecho de su vida un deseo angustiado de perpetuarse. Vivimos queriendo ser eternos en el coraz\u00f3n y la mente de otros, queremos perpetuar nuestra imagen en todo lo que hacemos, y as\u00ed olvidamos la verdadera alegr\u00eda que nace de hacer todo sin dejar huellas, por la limpia elegancia de hacerlo, por el desnudo amor de vivirlo.<br \/>\nHay demasiada tristeza y pesadez en nuestro aferramiento a la vida, demasiada tensi\u00f3n. La violencia nace, en gran medida, de este sentimiento.     <\/p>\n<p>\u2666 NO POSEER, NO DOMINAR<br \/>\nViene a ser lo mismo que aprender a morir. Se dice que la principal fuente de tristeza procede de la palabra \u201cm\u00edo\u201d, de nuestro aferramiento, de nuestro deseo febril y alocado e inconsciente de dominar y controlar lo que nos rodea, para tapar nuestra inseguridad esencial. Queremos poner nombre a todo. Obtener un beneficio, un resultado de todo lo que hacemos, de todo lo que vivimos, queremos evaluar todo lo que sale de nosotros para no perder la sensaci\u00f3n de dominio, y, tal vez, viajamos alej\u00e1ndonos del verdadero disfrute de las cosas y de la vida.<br \/>\nDesprenderse del deseo de poseer, del fruto de las propias obras, de las consecuencias de nuestros trabajos, para cuidar y cultivar la pureza del coraz\u00f3n, que hace a los hombres pac\u00edficos.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 provoca nuestra impaciencia, nuestra falta de paz, las guerras peque\u00f1as y las grandes, sino el af\u00e1n de dominio, de posesi\u00f3n?<br \/>\nLa oraci\u00f3n es la escuela de la pobreza, de la sencillez. Oramos para ser adentrados en un misterio de paz que nace de ser desnudados de nosotros mismos y de todo.<br \/>\nPor eso la oraci\u00f3n es dif\u00edcil, y, en un momento dado, nos es inc\u00f3moda y huimos de ella, porque nos vac\u00eda de todo para dejarnos abiertos al viento de lo nuevo. En el terreno profundo de la comuni\u00f3n el orante va siendo despojado de todo, incluso de sus ideas de Dios, cu\u00e1nto m\u00e1s de todo apego humano, de todo aferramiento febril a la vida. La oraci\u00f3n en el Esp\u00edritu obrar\u00e1 esto en nosotros para que nos abramos a la vida, y disfrutemos de ella, como ense\u00f1a San Juan de la Cruz: \u00abGoc\u00e9monos Amado&#8230;\u00bb        <\/p>\n<p>\u2666 RELATIVIZARSE A SI MISMO<br \/>\nVoy a decir una aparente tonter\u00eda: muchas guerras han sido provocadas por hombres con nula capacidad para re\u00edrse de s\u00ed mismos, para relativizarse a s\u00ed mismos. He aqu\u00ed una fuente de sabidur\u00eda que afecta no s\u00f3lo a la guerra y a la paz internacional, sino a la guerra y a la paz dom\u00e9stica y personal.<br \/>\nMirarse al espejo y re\u00edrse de uno mismo, sin desprecio, para desbloquear nuestro af\u00e1n de castigarnos y de encumbrarnos, dos extremos igualmente peligrosos.<br \/>\nEn la oraci\u00f3n, Dios se sonr\u00ede de nuestros dramatismos, y nos lleva \u00abm\u00e1s adentro en la espesura&#8230;\u00bb.    <\/p>\n<p>\u2666 PERDONAR, OLVIDAR<br \/>\n\u00abSoy feliz porque no siento odio\u00bb, ha dicho Kim Phuc a sus 34 a\u00f1os, aquella ni\u00f1a que gritaba de dolor, a consecuencia del napalm estadounidense lanzado sobre Vietnam, en una foto que dio la vuelta al mundo. Acababa de perder, en aquel instante, a dos de sus hermanos. Sufri\u00f3 quemaduras en la mitad de su cuerpo. La imagen de aquella ni\u00f1a desolada y dolorida es el s\u00edmbolo del horror y el absurdo de la guerra. En una reciente reuni\u00f3n de veteranos de guerra del Vietnam en Washington, se encontr\u00f3 sin esperarlo con John Plummer, el piloto que dio la orden de bombardear su pueblo. Ella lo cogi\u00f3 entre sus brazos y ambos lloraron&#8230;<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es orar sino superar el odio, abrazando los fantasmos y las heridas del pasado, para dejarse curar?.<br \/>\nEstando yo agobiado por la responsabilidad, un d\u00eda vinieron a m\u00ed estas palabras que invitan a la confianza con las que te dejo a solas: \u00abT\u00fa nos dar\u00e1s la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas T\u00fa&#8230;\u00bb (Is 26, 12)<\/p>\n<p>                                                   Jos\u00e9 Antonio<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA ORACION Y LA PAZ: \u201cEL RIESGO DE LA CONFIANZA\u201d Hace dos a\u00f1os, en una de mis visitas a Tierras Santas y dada mi atracci\u00f3n por la espiritualidad carmelitana, entr\u00e9 en la cueva de El\u00edas, en el Monte Carmelo, un lugar querido por jud\u00edos y musulmanes, y por los cristianos. 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