{"id":2160,"date":"2019-02-12T00:31:12","date_gmt":"2019-02-11T22:31:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=2160"},"modified":"2019-02-12T00:31:12","modified_gmt":"2019-02-11T22:31:12","slug":"abrid-los-ojos-y-el-corazon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/abrid-los-ojos-y-el-corazon\/","title":{"rendered":"Abrid los ojos. Y el coraz\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>ABRID LOS OJOS, ABRID BIEN LOS OJOS.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Introducci\u00f3n<\/strong>. Uno de los peligros m\u00e1s reales de nuestra vida es la rutina, el ir viviendo el paso de los d\u00edas, las actividades que realizamos, pero sin vibrar, sin disfrutar, como metidos en una espiral donde todos los d\u00edas se repiten y nosotros nos vamos ahogando. Se combate la rutina con la esperanza, con la seguridad de que lo que vivimos sirve para algo. Sin esperanza no se puede vivir. La esperanza es la fuerza de la vida, el motor, el impulso vital. Por eso, cuando en una persona se apaga la esperanza, se apaga la vida. El individuo comienza un proceso de regresi\u00f3n y anulaci\u00f3n. La persona se encoge, no busca, no crea nada nuevo, cae en la pasividad. La vida se apaga: vivir sin esperanza es no vivir. Y es responsabilidad nuestra encontrar razones y motivos para esperanzarnos. Es cierto que muchas evidencias diarias nos hablan de fracasos, enfermedades de personas queridas y cercanas. Heridas provocadas por convivencias conflictivas, momentos amargos de reconocer nuestros l\u00edmites, complejos, soledades. Pero es precisamente en los momentos de m\u00e1xima oscuridad, cuando tenemos que activar la confianza en la llegada de la luz del amanecer.<\/p>\n<p>La esperanza no es la euforia de un instante, la reacci\u00f3n de un momento. Es una postura permanente, un estilo de vida una manera de estar en la vida en una actitud positiva y confiada. La esperanza no se vive, por tanto, a ratos, unos d\u00edas s\u00ed y otros no. Ciertamente, unos d\u00edas habr\u00e1 m\u00e1s razones para mirar el futuro de manera esperanzada y otros d\u00edas habr\u00e1 menos razones, pero la esperanza es un talante, un estilo de afrontar la vida de manera confiada.<\/p>\n<p><strong>Lo que Dios nos dice<\/strong>. <strong><em>\u201cJes\u00fas se acerc\u00f3 y les habl\u00f3: Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra. Por tanto, id a hacer disc\u00edpulos entre todos los pueblos, bautizadlos consagr\u00e1ndolos al Padre y al Hijo y al Esp\u00edritu Santo, y ense\u00f1adles a cumplir cuanto os he mandado. Yo estar\u00e9 con vosotros siempre, hasta el fin del mundo\u201d. Mt 28,18-20.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Saber que est\u00e1 muy cerca de nosotros, el que ha vencido a la muerte, el que nos capacita para darle a nuestra vida la abundancia de sentido, de alegr\u00eda, de amor es la raz\u00f3n m\u00e1s poderosa para vivir esperanzados. No estamos nunca solos. El problema es el descubrirlo o no. Por eso es tan necesario abrir los ojos, levantar la mirada, activar el coraz\u00f3n para descubrir el tesoro que se esconde en todo lo que hacemos. Pasar de la vida de esclavos, como asalariados y vivirnos c\u00f3mo realmente somos: hijos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo cotidiano est\u00e1 cargado de milagro, lo que s\u00f3lo lo reconocemos cuando lo perdemos. Poder trabajar, o estudiar, tener salud para hacerlo. Que nuestra vida cuente con familias, con amigos, con planes de ocio, con posibilidades culturales, con alimentos, vivienda, paz social, seguridad, nos hace unos aut\u00e9nticos privilegiados. Lo que pasa es que nos acostumbramos. Y ese es el gran peligro. El creer en lo profundo del coraz\u00f3n que nunca me va a pasar algo grande. Y es que el grande soy yo.<\/p>\n<p>Tener momentos dif\u00edciles, de sentirnos solos, de ambicionar y desear vivir lo que no tengo es parte del camino. Pero de la rutina se sale tambi\u00e9n ejercitando la actitud de la gratitud. Es normal vivir \u00e9pocas en las que se activa el deseo, se despiertan las expectativas de algo mejor. Pero el peligro es situar la felicidad y la plenitud en el futuro. Cuando logre mis objetivos, cuando llegue a la meta, cuando acabe los estudios, cuando encuentre a la persona de mi vida. Y en esa espera de que llegue el futuro, se nos escapa el presente. M\u00e1s que esperar que ocurra lo maravilloso, la fe nos invita a reconocer lo milagroso que ya ocurre. Aqu\u00ed, ahora, con estos, conmigo.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cEstad siempre alegres, orad sin cesar, dad gracias por todo. Eso es lo que quiere Dios de vosotros como cristianos. No apagu\u00e9is el esp\u00edritu, no despreci\u00e9is la profec\u00eda, examinadlo todo y retened lo bueno, evitad toda especie de mal. El Dios de la paz os santifique completamente; os conserve \u00edntegros en esp\u00edritu, alma y cuerpo, e irreprochables para cuando venga nuestro Se\u00f1or Jesucristo. El que os llam\u00f3 es fiel y lo cumplir\u00e1.\u201d 1Tes 5,16-24.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>No apaguemos las razones para la alegr\u00eda, de estar, de ser. Las maravillosas personas que nos rodean. No nos acostumbremos a la queja, a la mediocridad, a vivir con bajas revoluciones. Activemos y despertemos la mirada limpia de quien se decide a estrenar cada d\u00eda, y a vivirlo, como si fuera el ultimo.<\/p>\n<p><strong><em>\u201cOs aseguro que llorar\u00e9is y os lamentar\u00e9is mientras el mundo se divierte; estar\u00e9is tristes, pero vuestra tristeza se convertir\u00e1 en gozo.<\/em><\/strong> <strong><em>Cuando una mujer va a dar a luz, est\u00e1 triste, porque le llega su hora. Pero, cuando ha dado a luz a la criatura, no se acuerda de la angustia, por la alegr\u00eda de haber tra\u00eddo un hombre al mundo. As\u00ed vosotros ahora est\u00e1is tristes; pero os volver\u00e9 a visitar y os llenar\u00e9is de alegr\u00eda, y nadie os la quitar\u00e1.\u201d Jn 16,20-22.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>Tener l\u00e1grimas en los ojos, anhelos en el coraz\u00f3n, d\u00edas de oscuridad y de tristeza es humano. Es necesario para empatizar y comprender el dolor que viven nuestros hermanos. Ser\u00eda obsceno pretender una vida privilegiada y ausente de todo sufrimiento. El mismo Jes\u00fas nos pide que cojamos la cruz de cada d\u00eda, porque las cruces compartidas en donde se encuentra con m\u00e1s nitidez la bondad de lo humano. Pero tenemos la capacidad de convertir el luto en danzas, el sepulcro en el lugar del abrazo m\u00e1s intenso, las heridas y cicatrices en art\u00edsticos tatuajes que nos recuerdan lo amados y acompa\u00f1ados que somos.<\/p>\n<p><strong>C\u00f3mo podemos vivirlo<\/strong>. Es necesario tiempos de silencio, de oraci\u00f3n, de calmar el coraz\u00f3n y escuchar, como Mar\u00eda la hermana de Marta, sentada a los pies del Se\u00f1or, las palabras de \u00e1nimo, de consuelo, de alianza, que Jes\u00fas nos susurra al o\u00eddo. Dichosos nosotros que o\u00edmos esas palabras, que vemos y tocamos con nuestras manos, ese derroche de amor de Dios que nos llama a cada uno a colaborar diariamente en pasar del valle de l\u00e1grimas, al banquete del reino.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 ABRID LOS OJOS, ABRID BIEN LOS OJOS. \u00a0 Introducci\u00f3n. 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