{"id":2214,"date":"2020-04-19T11:15:28","date_gmt":"2020-04-19T09:15:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=2214"},"modified":"2020-04-19T11:15:28","modified_gmt":"2020-04-19T09:15:28","slug":"la-esperanza-no-defrauda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/la-esperanza-no-defrauda\/","title":{"rendered":"La Esperanza no defrauda"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">\u201cNo seas incr\u00e9dulo; \u00a1cree!\u201d<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hermann\nRodr\u00edguez Osorio, S.J.*<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En alguna parte le\u00ed la historia de un monta\u00f1ista que, desesperado por\nconquistar el Aconcagua, inici\u00f3 su traves\u00eda, despu\u00e9s de a\u00f1os de preparaci\u00f3n.\nQuer\u00eda la gloria s\u00f3lo para \u00e9l, por lo tanto subi\u00f3 sin compa\u00f1eros. Empez\u00f3 a\nsubir y se le fue haciendo tarde, y no se prepar\u00f3 para acampar, sino que sigui\u00f3\nsubiendo, decidido a llegar a la cima. Oscureci\u00f3, la noche cay\u00f3 con gran pesadez\nen la altura de la monta\u00f1a; ya no se pod\u00eda ver absolutamente nada. Todo era\noscuro, cero visibilidad, no hab\u00eda luna y las estrellas estaban cubiertas por\nlas nubes. Subiendo por un acantilado, a solo cien metros de la cima, se\nresbal\u00f3 y se desplom\u00f3 por los aires&#8230; Bajaba a una velocidad vertiginosa; solo\npod\u00eda ver veloces manchas cada vez m\u00e1s oscuras que pasaban en la misma\noscuridad y la terrible sensaci\u00f3n de ser succionado por la gravedad.&nbsp;\nSegu\u00eda cayendo&#8230; y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos\nsus gratos y no tan gratos momentos de la vida; pensaba que iba a morir; sin\nembargo, de repente sinti\u00f3 un tir\u00f3n tan fuerte que casi lo parte en dos&#8230; Como\ntodo alpinista experimentado, hab\u00eda clavado estacas de seguridad con candados a\nuna largu\u00edsima soga que lo amarraba de la cintura.&nbsp; En esos momentos de\nquietud, suspendido por los aires, no le qued\u00f3 m\u00e1s que gritar: \u00ab<em>\u00a1<\/em><em>Ay\u00fadame, Dios m\u00edo!<\/em>\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><br>\nDe repente una voz grave y profunda de los cielos le contesta: \u2013\u00ab\u00bfQu\u00e9 quieres que haga, hijo m\u00edo?\u00bb\n\u2013\u00ab\u00a1S\u00e1lvame,\nSe\u00f1or!\u00bb \u2013\u00ab\u00bfRealmente crees que puedo salvarte?\u00bb \u2013\u00abPor supuesto, Se\u00f1or\u00bb. \u2013\u00abEntonces, corta\nla cuerda que te sostiene&#8230;\u00bb Hubo un momento de silencio\ny quietud.&nbsp; El hombre se aferr\u00f3 m\u00e1s a la cuerda&#8230; y no se solt\u00f3 como le\nindicaba la voz. Cuenta el equipo de rescate que al otro d\u00eda encontraron\ncolgado a un alpinista congelado, muerto, agarrado con fuerza, con las manos a\nuna cuerda&#8230; a tan solo dos metros del suelo&#8230;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La duda mata<\/em>, dice la sabidur\u00eda popular. Y para demostrarlo,\nbasta ver una gallina tratando de cruzar una carretera por la que transitan\ncamiones con m\u00e1s de diez y ocho llantas&#8230; El Evangelio que nos propone la\nliturgia del segundo domingo de Pascua nos muestra a un Tom\u00e1s exigiendo pruebas\ny se\u00f1ales claras para creer: \u201cTom\u00e1s, uno de los doce disc\u00edpulos, al que\nllamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando lleg\u00f3 Jes\u00fas. Despu\u00e9s los otros\ndisc\u00edpulos le dijeron: \u2013 Hemos visto al Se\u00f1or. Pero Tom\u00e1s contest\u00f3: \u2013 Si no veo\nen sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano\nen su costado, no lo podr\u00e9 creer\u201d. Seguramente, muchas veces en nuestra vida\nhemos dicho palabras parecidas a Dios. Este domingo tenemos una buena\noportunidad para revisar la confianza que tenemos en el Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el Se\u00f1or volvi\u00f3 a aparecerse en medio de sus disc\u00edpulos, llam\u00f3 a\nTom\u00e1s y le dijo: \u2013 Mete aqu\u00ed tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y m\u00e9tela\nen mi costado&#8230;\u201d Ser\u00e1 necesario que el Resucitado nos diga \u00ab\u00a1No seas incr\u00e9dulo sino creyente!\u00bb o, por el contrario, seremos merecedores de\nesa bella bienaventuranza que dice: \u00abDichosos los que\ncreen sin haber visto\u00bb. Sinceramente, pregunt\u00e9monos: \u00bfD\u00f3nde tenemos puesta\nnuestra confianza? \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 nuestra seguridad? \u00bfEstamos llenos de dudas que\nnos van matando? \u00bfQu\u00e9 tanto confiamos en la cuerda que nos sostiene en medio\ndel abismo?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cNo seas incr\u00e9dulo; \u00a1cree!\u201d Hermann Rodr\u00edguez Osorio, S.J.* En alguna parte le\u00ed la historia de un monta\u00f1ista que, desesperado por conquistar el Aconcagua, inici\u00f3 su traves\u00eda, despu\u00e9s de a\u00f1os de preparaci\u00f3n. Quer\u00eda la gloria s\u00f3lo para \u00e9l, por lo tanto subi\u00f3 sin compa\u00f1eros. 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