{"id":2409,"date":"2024-07-26T13:17:44","date_gmt":"2024-07-26T11:17:44","guid":{"rendered":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=2409"},"modified":"2024-07-26T13:17:44","modified_gmt":"2024-07-26T11:17:44","slug":"el-cuidado-a-los-mayores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/el-cuidado-a-los-mayores\/","title":{"rendered":"EL CUIDADO A LOS MAYORES"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cEn la vejez no me abandones\u201d (cf. Sal 71,9)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queridos hermanos y hermanas:<br>Dios nunca abandona a sus hijos. Ni siquiera cuando la edad avanza y las fuerzas flaquean,<br>cuando aparecen las canas y el estatus social decae, cuando la vida se vuelve menos productiva<br>y corre el peligro de parecernos in\u00fatil. \u00c9l no se fija en las apariencias (cf. 1 S 16,7) y no desde\u00f1a<br>elegir a aquellos que para muchos resultan irrelevantes. No descarta ninguna piedra, al contrario,<br>las m\u00e1s \u201cviejas\u201d son la base segura sobre las que se pueden apoyar las piedras \u201cnuevas\u201d para<br>construir todas juntas el edificio espiritual (cf. 1 P 2,5).<br>La Sagrada Escritura, en su conjunto, es una narraci\u00f3n del amor fiel del Se\u00f1or, del que emerge<br>una certeza consoladora: Dios sigue mostr\u00e1ndonos su misericordia, siempre, en cada etapa de la<br>vida, y en cualquier condici\u00f3n en la que nos encontremos, incluso en nuestras traiciones. Los<br>salmos est\u00e1n llenos del asombro del coraz\u00f3n humano frente a Dios, que nos cuida a pesar de<br>nuestra peque\u00f1ez (cf. Sal 144,3-4); nos aseguran que Dios nos ha plasmado en el seno materno<br>(cf. Sal 139,13) y que no entregar\u00e1 nuestra vida a la muerte (cf. Sal 16,10). Por tanto, podemos<br>tener la certeza de que tambi\u00e9n estar\u00e1 cerca de nosotros durante la ancianidad, tanto m\u00e1s porque<br>en la Biblia envejecer es signo de bendici\u00f3n.<br>Y, sin embargo, en los salmos encontramos adem\u00e1s esta sentida s\u00faplica al Se\u00f1or: \u00abNo me<br>rechaces en el tiempo de mi vejez\u00bb (Sal 71,9). Una expresi\u00f3n fuerte, muy cruda. Nos lleva a<br>pensar en el sufrimiento extremo de Jes\u00fas que exclam\u00f3 en la cruz: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9<br>me has abandonado?\u00bb (Mt 27,46).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la Biblia, pues, hallamos la certeza de la cercan\u00eda de Dios en cada etapa de la vida y, al<br>mismo tiempo, encontramos el miedo al abandono, particularmente en la vejez y en el momento<br>del dolor. No se trata de una contradicci\u00f3n. Mirando a nuestro alrededor no nos resulta dif\u00edcil<br>comprobar c\u00f3mo esas expresiones reflejan una realidad m\u00e1s que evidente. Con mucha<br>frecuencia la soledad es la amarga compa\u00f1era de la vida de los que como nosotros son mayores<br>y abuelos. Siendo obispo de Buenos Aires, muchas veces tuve ocasi\u00f3n de visitar residencias de<br>ancianos y me di cuenta de las pocas visitas que recib\u00edan esas personas; algunos no ve\u00edan a sus<br>seres queridos desde hac\u00eda muchos meses.<br>Las causas de esa soledad son m\u00faltiples. En muchos pa\u00edses, sobre todo en los m\u00e1s pobres, los<br>ancianos est\u00e1n solos porque sus hijos se han visto obligados a emigrar. Pienso tambi\u00e9n en las<br>numerosas situaciones de conflicto; cu\u00e1ntos ancianos se quedan solos porque los hombres<br>\u2014j\u00f3venes y adultos\u2014 han sido llamados a combatir y las mujeres, sobre todo las madres con<br>ni\u00f1os peque\u00f1os, dejan el pa\u00eds para dar seguridad a los hijos. En las ciudades y en los pueblos<br>devastados por la guerra, muchas personas mayores se quedan solas, como \u00fanicos signos de<br>vida en zonas donde parece reinar el abandono y la muerte. En otras partes del mundo, adem\u00e1s,<br>existe una falsa creencia, muy enraizada en algunas culturas locales, que genera hostilidad<br>respecto a los ancianos, acusados de recurrir a la brujer\u00eda para quitar energ\u00edas vitales a los<br>j\u00f3venes; de modo que, en caso de que una muerte prematura, una enfermedad o una suerte<br>adversa afecte a un joven, la culpa recae sobre alg\u00fan anciano. Esta mentalidad se debe combatir<br>y erradicar. Es uno de esos prejuicios infundados, de los que la fe cristiana nos ha liberado, que<br>alimenta persistentes conflictos generacionales entre j\u00f3venes y ancianos.<br>Si lo pensamos bien, esta acusaci\u00f3n dirigida a los mayores de \u201crobar el futuro a los j\u00f3venes\u201d est\u00e1<br>muy presente hoy en todas partes. Esta tambi\u00e9n se encuentra, bajo otras formas, en las<br>sociedades m\u00e1s avanzadas y modernas. Por ejemplo, hoy en d\u00eda est\u00e1 muy extendida la creencia<br>de que los ancianos hacen pesar sobre los j\u00f3venes el costo de la asistencia que ellos requieren, y<br>de esta manera quitan recursos al desarrollo del pa\u00eds y, por ende, a los j\u00f3venes. Se trata de una<br>percepci\u00f3n distorsionada de la realidad. Es como si la supervivencia de los ancianos pusiera en<br>peligro la de los j\u00f3venes. Como si para favorecer a los j\u00f3venes fuera necesario descuidar a los<br>ancianos o, incluso, eliminarlos. La contraposici\u00f3n entre las generaciones es un enga\u00f1o y un fruto<br>envenenado de la cultura de la confrontaci\u00f3n. Poner a los j\u00f3venes en contra de los ancianos es<br>una manipulaci\u00f3n inaceptable; \u00abest\u00e1 en juego la unidad de las edades de la vida, es decir, el real<br>punto de referencia para la comprensi\u00f3n y el aprecio de la vida humana en su totalidad\u00bb<br>(Catequesis 23 febrero 2022).<br>El salmo citado anteriormente \u2014en el que se suplica no ser abandonados en la vejez\u2014 habla de<br>una conspiraci\u00f3n que ci\u00f1e la vida de los ancianos. Parecen palabras excesivas, pero<br>comprensibles si se considera que la soledad y el descarte de los mayores no son casuales ni<br>inevitables, son m\u00e1s bien fruto de decisiones \u2014pol\u00edticas, econ\u00f3micas, sociales y personales\u2014<br>que no reconocen la dignidad infinita de toda persona \u00abm\u00e1s all\u00e1 de toda circunstancia y en<br>2<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">cualquier estado o situaci\u00f3n en que se encuentre\u00bb (Decl. Dignitas infinita, 1). Esto sucede cuando<br>se pierde el valor de cada uno y las personas se convierten en una mera carga onerosa, en<br>algunos casos demasiado elevada. Lo peor es que, a menudo, los mismos ancianos terminan por<br>someterse a esta mentalidad y llegan a considerarse como un peso, deseando ser los primeros<br>en hacerse a un lado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por otra parte, hoy son muchas las mujeres y los hombres que buscan la propia realizaci\u00f3n<br>personal llevando una existencia lo m\u00e1s aut\u00f3noma y desligada de los dem\u00e1s que sea posible. Las<br>pertenencias comunes est\u00e1n en crisis y se afirman las individualidades; el pasaje del \u201cnosotros\u201d al<br>\u201cyo\u201d se muestra como uno de los signos m\u00e1s evidentes de nuestro tiempo. La familia, que es la<br>primera y la m\u00e1s radical oposici\u00f3n a la idea de que podemos salvarnos solos, es una de las<br>v\u00edctimas de esta cultura individualista. Pero cuando se envejece, a medida que las fuerzas<br>disminuyen, el espejismo del individualismo, la ilusi\u00f3n de no necesitar a nadie y de poder vivir sin<br>v\u00ednculos se revela tal cual es: uno se encuentra en cambio teniendo necesidad de todo, pero ya<br>solo, sin ninguna ayuda, sin tener a alguien con quien poder contar. Es un triste descubrimiento<br>que muchos hacen cuando ya es demasiado tarde.<br>La soledad y el descarte se han vuelto elementos recurrentes en el contexto en el que estamos<br>inmersos. Estos tienen m\u00faltiples ra\u00edces: en algunos casos son el fruto de una exclusi\u00f3n<br>programada, una especie de triste \u201ccomplot social\u201d; en otros casos se trata lamentablemente de<br>una decisi\u00f3n propia. Otras veces tambi\u00e9n se los sufre fingiendo que se trate de una elecci\u00f3n<br>aut\u00f3noma. Estamos perdiendo cada vez m\u00e1s \u00abel sabor de la fraternidad\u00bb (Carta enc. Fratelli tutti,<br>33) e incluso nos cuesta imaginar algo diferente.<br>En muchos ancianos podemos advertir ese sentimiento de resignaci\u00f3n del que habla el libro de<br>Rut, cuando relata que la anciana Noem\u00ed \u2014despu\u00e9s de la muerte del marido y de los hijos\u2014<br>invit\u00f3 a sus nueras, Orp\u00e1 y Rut, a regresar a sus pa\u00edses de origen y a sus casas (cf. Rut 1,8).<br>Noem\u00ed \u2014como tantos ancianos de hoy\u2014 teme quedarse sola, pero no consigue imaginar algo<br>distinto. Como viuda, es consciente de valer poco ante la sociedad y est\u00e1 convencida de ser un<br>peso para esas dos j\u00f3venes que, al contrario de ella, tienen toda la vida por delante. Por eso<br>piensa que sea mejor hacerse a un lado y ella misma invita a las j\u00f3venes nueras a dejarla y a<br>construir su futuro en otros lugares (cf. Rut 1,11-13). Sus palabras son un concentrado de<br>convenciones sociales y religiosas que parecen inmutables y que marcan su destino.<br>El relato b\u00edblico nos presenta en este momento dos opiniones diferentes frente a la invitaci\u00f3n de<br>Noem\u00ed y, por tanto, frente a la vejez. Una de las dos nueras, Orp\u00e1, que le tiene cari\u00f1o a Noem\u00ed,<br>con un gesto afectuoso la besa, pero acepta lo que ella tambi\u00e9n cree que es la \u00fanica soluci\u00f3n<br>posible y sigue su propio camino. Rut, en cambio, no se separa de Noem\u00ed y le dirige palabras<br>sorprendentes: \u00abNo insistas en que te abandone\u00bb (Rut 1,16). No tiene miedo de desafiar las<br>costumbres y la opini\u00f3n com\u00fan, siente que esa mujer anciana la necesita y, con valent\u00eda,<br>permanece a su lado, dando inicio a una nueva traves\u00eda para ambas. A todos nosotros<br>3<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2014acostumbrados a la idea de que la soledad es un destino inevitable\u2014 Rut nos ense\u00f1a que a la<br>s\u00faplica \u201c\u00a1no me abandones!\u201d es posible responder \u201c\u00a1no te abandonar\u00e9!\u201d. No duda en trastocar lo<br>que parece una realidad inmutable, \u00a1vivir solos no puede ser la \u00fanica alternativa! No es<br>casualidad que Rut \u2014la que se qued\u00f3 acompa\u00f1ando a la anciana Noem\u00ed\u2014 sea un antepasado<br>del Mes\u00edas (cf. Mt 1,5), de Jes\u00fas, el Emanuel, Aquel que es \u201cDios con nosotros\u201d, Aquel que lleva<br>la cercan\u00eda y la proximidad de Dios a todos los hombres, de todas las condiciones y de todas las<br>edades.<br>La libertad y la valent\u00eda de Rut nos invitan a recorrer un camino nuevo. Sigamos sus pasos,<br>hagamos el viaje junto a esta joven mujer extranjera y a la anciana Noem\u00ed, no tengamos miedo de<br>cambiar nuestras costumbres y de imaginar un futuro distinto para nuestros ancianos. Nuestro<br>agradecimiento se dirige a todas esas personas que, aun con muchos sacrificios, han seguido<br>efectivamente el ejemplo de Rut y se est\u00e1n ocupando de un anciano, o sencillamente muestran<br>cada d\u00eda su cercan\u00eda a parientes o conocidos que no tienen a nadie. Rut eligi\u00f3 estar cerca de<br>Noem\u00ed y fue bendecida con un matrimonio feliz, una descendencia y una tierra. Esto vale siempre<br>y para todos: estando cerca de los ancianos, reconociendo el papel insustituible que estos tienen<br>en la familia, en la sociedad y en la Iglesia, tambi\u00e9n nosotros recibiremos muchos dones, muchas<br>gracias, muchas bendiciones.<br>En esta IV Jornada Mundial dedicada a ellos, no dejemos de mostrar nuestra ternura a los<br>abuelos y a los mayores de nuestras familias, visitemos a los que est\u00e1n desanimados o que ya no<br>esperan que un futuro distinto sea posible. A la actitud ego\u00edsta que lleva al descarte y a la soledad<br>contrapongamos el coraz\u00f3n abierto y el rostro alegre de quien tiene la valent\u00eda de decir \u201c\u00a1no te<br>abandonar\u00e9!\u201d y de emprender un camino diferente.<br>A todos ustedes, queridos abuelos y mayores, y a cuantos los acompa\u00f1an, llegue mi bendici\u00f3n<br>junto con mi oraci\u00f3n. Tambi\u00e9n a ustedes les pido, por favor, que no se olviden de rezar por m\u00ed.<br>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 25 de abril de 2024<br>FRANCISCO<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cEn la vejez no me abandones\u201d (cf. Sal 71,9) Queridos hermanos y hermanas:Dios nunca abandona a sus hijos. 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