{"id":387,"date":"2009-10-16T17:09:09","date_gmt":"2009-10-16T15:09:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=387"},"modified":"2009-10-16T17:09:09","modified_gmt":"2009-10-16T15:09:09","slug":"un-mercado-diferente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/un-mercado-diferente\/","title":{"rendered":"Un mercado diferente"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los martes en Punata -pueblo cochabambino que me acoge- es costumbre muy antigua el famoso mercado del Valle Alto. <\/strong><br \/>\nA primera vista, se puede pensar que se trata de un mercadillo o del rastro madrile\u00f1o; ambientes de sobra conocidos, por los que nos hemos dejado caer alguna vez, buscando algo o simplemente por pasar el d\u00eda, llenando nuestros sentidos de olores, colores, sabores, sonidos del ambiente que all\u00ed bullen desde la ma\u00f1ana y que dejan se\u00f1ales de su paso al caer la noche.<br \/>\nConforme avanzo por la calle Sucre, viendo el movimiento de coches, buses, trufis y taxis que se acercan desde primera hora de la ma\u00f1ana, me vienen a la memoria esas interminables filas de coches que avanzan despacio buscando aparcamiento en los centros comerciales; los centros comerciales, esas nuevas catedrales del consumo, d\u00f3nde la gente acude en masa, evadi\u00e9ndose de la situaci\u00f3n actual de crisis, desconectando de todo por un rato -incluidos sus hijos-, yendo de local en local, inmersos en un traj\u00edn de comprar todo lo que se puede, aturdidos nuestros sentidos, atrapados por la nueva tecnolog\u00eda o el \u00faltimo modelo y su promesa de hacer m\u00e1s \u2018plena\u2019 nuestra vida\u2026 y al final, cuando caemos exhaustos sobre el sof\u00e1 de casa, comprobamos que no hemos logrado desconectar de las prisas diarias y nos sentimos, quiz\u00e1, algo m\u00e1s vac\u00edos.<br \/>\nComo cada martes la gente se da cita en el gran mercado de Punata -como si de un ritual se tratara-, unos para ofrecer su mercanc\u00eda recolectada, empacada o a granel; otros para comprar los alimentos b\u00e1sicos para el hogar; otros simplemente para ver que hay de nuevo o para encontrarse con sus compadres y compartir un vaso de chicha.<br \/>\nTambi\u00e9n yo me adentro por las calles, acompa\u00f1ando a la hermana Andrea a por la compra de la semana; conforme avanzo, a parte de esquivar con el carro los m\u00faltiples puestos que se api\u00f1an en la acera del parque -otros d\u00edas vac\u00edo para el paseo-, se me llenan los ojos de colores, texturas y productos nuevos (chu\u00f1o, oca, quinua\u2026); oigo medidas y pesos a los que no estoy acostumbrada (cuartilla, libra, arroba\u2026); y sigo sorprendi\u00e9ndome del arte de regatear, de la capacidad de tantas mujeres de soportar todo el d\u00eda bajo el sol para vender una hierbita que no les proporcionar\u00e1 muchos bolivianos al final de la jornada o de saber el peso de un pu\u00f1ado de tomates o papas con esa particular b\u00e1scula de los comerciantes que calculan a ojo\u2026<br \/>\nEntonces me viene a la memoria mi padre, hombre de campo emigrado a la ciudad; tan habituado a esos pesos y medidas, que con tanto cari\u00f1o y empe\u00f1o se esforzaba por ense\u00f1\u00e1rnoslos porque eran parte de su historia, t\u00e9rminos que -aunque casi ya olvidados- le vieron crecer.<br \/>\nY as\u00ed, de la mano de esta imagen tan entra\u00f1able -memoria de qui\u00e9n se hace presente de manera insospechada- imagino a Jes\u00fas caminando por su tierra natal; paseando por las calles llenas de gente que va y viene, salud\u00e1ndose, regateando en el mercado, anunciando la mejor mercanc\u00eda. Jes\u00fas, hombre de campo, que m\u00e1s de una vez acompa\u00f1ar\u00eda a Mar\u00eda a por los alimentos necesarios para la semana; que aprender\u00eda como cualquier joven de su tiempo las medidas y equivalencias; que se dejar\u00eda embriagar por los aromas, colores y texturas de tantos productos, frutas, verduras, condimentos naturales que ofrec\u00edan lo mejor de la tierra que les vio nacer, bajo la paciente espera de un Dios creador que todo lo hace bueno y nuevo cada ma\u00f1ana\u2026 Levadura en tres medidas de harina para fermentar la masa; granos de trigo ca\u00eddos en tierra buena; un par de t\u00f3rtolas o dos pi\u00f1ones para la ofrenda; sarmientos que dan fruto a los que se les limpia para que den m\u00e1s fruto\u2026<br \/>\nEnsimismada regreso a casa con la compra hecha y un deseo profundo de empaparme de la vida, de las costumbres, de la gente de aqu\u00ed; dejarme afectar por sus historias, sus dolores y preocupaciones, sus ilusiones y esperanzas\u2026 inevitablemente han captado mis sentidos, han entrado a formar parte de mi vida y s\u00f3lo cabe -como hizo Jes\u00fas- entrelazar nuestras vidas y con el esfuerzo de todos hacer posible esa nueva tierra d\u00f3nde abunde la dignidad y el derecho, la verdad y el amor,\u2026<br \/>\nDefinitivamente creo que, pasar tiempo en este centro comercial de los anawin de Dios, con seguridad llenar\u00e1 mi vida. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los martes en Punata -pueblo cochabambino que me acoge- es costumbre muy antigua el famoso mercado del Valle Alto. 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