{"id":667,"date":"2010-03-27T20:18:53","date_gmt":"2010-03-27T18:18:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/?p=667"},"modified":"2010-03-29T10:20:31","modified_gmt":"2010-03-29T08:20:31","slug":"he-confesado-al-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.salvatorianos.org\/blog\/familiasalvatoriana\/he-confesado-al-diablo\/","title":{"rendered":"He confesado al diablo"},"content":{"rendered":"<p>Testimonio de un sacerdote.<\/p>\n<p><strong>HE CONFESADO AL DIABLO<\/strong>De lo que viv\u00ed antes de confesarlo, recuerdo lo siguiente&#8230;<\/p>\n<p>Como p\u00e1rroco de un peque\u00f1o pueblo, frecuentemente, cada domingo, sal\u00eda por las calles y aprovechaba para saludar a la gente, dej\u00e1ndoles una catequesis escrita, especialmente a aquellos que por diversas razones no acud\u00edan al templo.<\/p>\n<p>En aquella parroquia dedicada a San Jos\u00e9, muchos ten\u00edan una costumbre que cumpl\u00edan sin falta cada domingo, como si fuera un deber. Esto era tomarse \u201cunas fr\u00edas\u201d -as\u00ed llamaban ellos a la cerveza-. Por tanto, era f\u00e1cil saber d\u00f3nde encontrar este tipo de \u201cfieles\u201d, y entre ellos estaba tambi\u00e9n \u00e9l. <\/p>\n<p>Cierto d\u00eda, al terminar mi recorrido, se acerca una se\u00f1ora para preguntarme si hab\u00eda reconocido al \u201cdiablo\u201d. Seg\u00fan ella,  yo lo hab\u00eda saludado y \u00e9l hab\u00eda recibido uno de los mensajes que yo repart\u00eda. Yo no hab\u00eda visto al \u201cdiablo\u201d, o por lo menos no recuerdo haber visto a ninguna ni a ninguno que se le pareciera.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n necesitaba ir al pueblo vecino para ayudar a un hermano sacerdote, pero el coche de la parroquia se hab\u00eda averiado y por ello necesitaba a alguien que me transportara.<br \/>\nVaya sorpresa cuando, al preguntar a algunas personas qui\u00e9n podr\u00eda ayudarme con este servicio, inmediatamente un ni\u00f1o me dijo: \u00abPadre, si gusta llamo al \u201cdiablo\u201d para que se lo lleve\u00bb.  No se imaginan lo que pens\u00e9 en aquel momento. Parec\u00eda una broma,  pero luego acept\u00e9 la propuesta y ese d\u00eda lo vi por primera vez&#8230;<\/p>\n<p>Por un buen rato guard\u00e9 silencio, pues era la primera vez que hac\u00eda un viaje as\u00ed. Adem\u00e1s pens\u00e9: \u00bfde qu\u00e9 puedo hablar con el diablo? Al poco tiempo le habl\u00e9, pero parec\u00eda m\u00e1s una entrevista que un di\u00e1logo. Ese d\u00eda, antes de terminar el viaje  y sin decir nada, dej\u00e9 en su coche un escapulario de la Virgen del Carmen.<br \/>\nEn adelante lo ve\u00eda por todas partes; ya lo reconoc\u00eda y, aunque  siempre lo invitaba a la misa, \u00e9l siempre me dec\u00eda: \u201cahora no, alg\u00fan d\u00eda lo har\u00e9, tengo mis razones\u201d.<\/p>\n<p>El tiempo pas\u00f3, y cierto d\u00eda un ni\u00f1o que esperaba en la puerta del templo me dijo que  alguien me necesitaba urgentemente y  que no quer\u00eda irse sin antes hablar conmigo. El ni\u00f1o me explic\u00f3 que se trataba de un enfermo grave. Entonces, r\u00e1pidamente busqu\u00e9 todo lo necesario para la visita.<\/p>\n<p>Cu\u00e1n asombrado qued\u00e9 cuando, al llegar a aquel lugar, descubr\u00ed que el enfermo grave que hac\u00eda varios d\u00edas esperaba al sacerdote era Ram\u00f3n, aquel a quien llamaban \u201cel diablo\u201d; un hombre del campo que hab\u00eda vivido situaciones humanas muy dif\u00edciles. No recordaba cu\u00e1ndo ni por qu\u00e9 le hab\u00edan empezado a decir as\u00ed, pero \u00e9l se hab\u00eda acostumbrado. Ahora, postrado en una cama, padec\u00eda de un c\u00e1ncer terrible y se acercaba a su final.<\/p>\n<p>Recuerdo muy bien lo que \u00e9l me dijo aquel d\u00eda: \u00abPadre, \u00bfme recuerda?  Soy aquel que llaman \u201cel diablo\u201d, \u00a1pero mi alma no se la dejo a \u00e9l; le pertenece  a Dios!  Por favor, \u00bfme puede confesar?\u00bb <\/p>\n<p>Fue un momento muy especial, pero a\u00fan m\u00e1s cuando vi lo que apretaba en sus manos mientras lo confesaba: un escapulario; precisamente aquel que yo le hab\u00eda dejado en su coche. Ahora \u00e9l lo portaba en su viaje a la eternidad. Luego, en aquella casa tambi\u00e9n pude ver una hoja sobre la confesi\u00f3n, una de aquellas que yo mismo le hab\u00eda dado un domingo al mediod\u00eda. <\/p>\n<p>Qu\u00e9 grande y misterioso es Dios. Obra en silencio y con sencillez, pero adem\u00e1s nos permite compartir con todos el don que nos ha dado.<br \/>\nY ese d\u00eda todo el pueblo lo comentaba (y tambi\u00e9n yo lo pensaba): \u00a1he confesado al diablo!<br \/>\ndon Manuel Julin Quiceno Zapata y fue ganadora de un concurso de anctodotas sacerdotales convocadas por Catholic.net:<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Testimonio de un sacerdote. HE CONFESADO AL DIABLODe lo que viv\u00ed antes de confesarlo, recuerdo lo siguiente&#8230; Como p\u00e1rroco de un peque\u00f1o pueblo, frecuentemente, cada domingo, sal\u00eda por las calles y aprovechaba para saludar a la gente, dej\u00e1ndoles una catequesis escrita, especialmente a aquellos que por diversas razones no acud\u00edan al templo. 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