HOMBRES Y MUJERES DE LAS AFUERAS….

Introducción. Con este título se refería un profesor mío a esta época que nos toca vivir, a la cultura que nos envuelve, donde prestamos más atención a lo periférico, a lo relativo, a lo accidental, que a lo central y a lo nuclear de la identidad de las personas. Construimos muchos proyectos, avanzamos en muchas áreas, tenemos pluralidad de ideologías, y de sensibilidades, recorremos paisajes y buscamos destinos turísticos deslumbrantes, acumulamos información continuamente. Pero ¿a donde nos llevan todas esas actividades? ¿Qué dirección y sentido le damos a nuestros días?

Las preguntas importantes sobre nuestra identidad, sobre el destino de nuestra vida, sobre el sentido de lo que hacemos y vivimos, sobre la herencia que dejamos a los que amamos. Esas preguntas, nos pillan distraídos, o directamente no queremos formularlas. Estamos en las afueras de nosotros mismos, distraídos, ocupados, despistados. Y cuando la vida se nos presenta con su fugacidad, con su fragilidad, y de repente descubrimos nuestras manos vacías, y carentes de respuestas frente a las preguntas, nos entra el desconcierto y el miedo. Lo importante de nosotros mismos está en el centro de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestro cuerpo. Las decisiones que tomamos, los diálogos que mantenemos, los compromisos que adquirimos, los gestos y acciones que realizamos, eso nos define. Perdidos en las periferias, y atentos a lo intrascendente nos volvemos desconocidos para nosotros mismos.

Lo que Dios nos dice. Jesús sí que afrontaba diariamente lo nuclear de su vida y de su misión, e invitaba a sus discípulos a hacerse esas preguntas. Y continúa invitándonos a construir nuestra vida cada día colaborando activamente en ser de verdad hombres y mujeres integrados. Y eso conlleva mirar de cara las dificultades, los fracasos, la debilidad, la muerte.

“A partir de entonces Jesús comenzó a explicar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, padecer mucho a causa de los senadores, sumos sacerdotes y letrados, sufrir la muerte y al tercer día resucitar. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡Dios te libre, Señor! No te sucederá tal cosa. Él se volvió y dijo a Pedro: ¡Aléjate, Satanás! Quieres hacerme caer. Piensas como los hombres, no como Dios. Entonces Jesús dijo a los discípulos: Quien quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga. Quien se empeñe en salvar su vida la perderá; pero quien pierda la vida por mí la conservará. ¿Qué le aprovecha al hombre ganar todo el mundo a costa de su vida?, ¿qué precio pagará por su vida?” Mt 16,21-26.

Pedro es un hombre de las afueras, que ama a Jesús, pero solo en ciertos aspectos, no le entiende ni le conoce en toda la amplitud, y con un amor muy infantil quiere evitar que Jesús sufra. En el fondo eso nos pasa a todos, no queremos sufrir, ni que sufran las personas a las que queremos. Pero Jesús nos muestra como inevitable el encuentro con el límite, el dolor, con el fracaso, y nos lo ofrece como posibilidad máxima de reconocer lo necesitados que estamos de abrir nuestras vidas al amor de los demás. Nos permite el encuentro con lo que no sabemos vivir solos, pedir, gritar, solicitar ayuda, en definitiva, abrirnos al amor.

Por eso cuando Jesús le habla de Jerusalén, de dar la vida, de sufrimiento, Pedro reacciona buscando huir de allí. Nuestra incapacidad para afrontar las situaciones que nos desbordan provocan una respuesta espontánea: huir. Como cerrar los ojos frente a lo desagradable, como cambiar de canal frente a una emisión desagradable. Jesús en cambio nos enseña a vivir la experiencia de la fragilidad como posibilidad de crecimiento y de fecundidad.

“Os aseguro que, si el grano de trigo caído en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que se aferra a la vida la pierde, el que desprecia la vida en este mundo la conserva para una vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo estoy estará mi servidor; si uno me sirve, lo honrará el Padre.” Jn 12,24-26.

El paso de la distracción, de la dispersión, de la fantasía, a la realidad, al amor, se da justamente en acoger la vida como donación de nosotros. Pasar de la exigencia y del interés a la gratuidad. Suena a teórico, a bonito consejo de autoayuda, pero es lo nuclear del evangelio. Quien no ejercita su libertad para la entrega, no entenderá la libertad y la alegría con la que somos invitados a vivir. Y esa es una oferta valiosísima para nuestras vidas. Pasar del miedo, del temor arraigado en lo más profundo de las entrañas, esquivando continuamente los continuos zarpazos de la vida que nos recuerdan lo indefensos y pequeños que somos, a vivir en la confianza y en la colaboración activa de edificar nuestra vida en la roca firme del amor.

“Os voy a explicar a quién se parece el que acude a mí, escucha mis palabras y las pone por obra. Se parece a uno que iba a construir una casa: cavó, ahondó y colocó un cimiento sobre la roca. Vino una crecida, el caudal se estrelló contra la casa, pero no pudo sacudirla porque estaba bien construida. En cambio, el que escucha y no las pone en obra se parece a uno que construyó la casa sobre la tierra, sin cimiento. Se estrelló el caudal y la casa se derrumbó. Y fue una ruina colosal.” Lc 6,47-49.

Vidas sin cimiento, zarandeados por los vientos de doctrina, por los sentimientos cambiables, por las circunstancias que nos rodean, dependiendo continuamente de si las cosas que vivimos son agradables o no, nos hacen vivir en la inquietud. Edificar sobre la roca es descanso, es ejercicio continuo de confianza, de seguridad, de experimentar la alegría que da la cercanía de nuestro Dios que nos sostiene.

Cómo podemos vivirlo. Nos acercamos a la pascua, al centro, a lo esencial de nuestra fe. Al misterio en el que Jesús nos muestra como la humanidad no está condenada a vivir en el miedo ni en el temor, sino en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Ese paso se da en el reconocimiento humilde de que solos, no sabemos ni podemos vivir la vida, sino en esa relación de filiación, de sentirnos hijos amados de un Dios que nos acompaña en todo lo que vivimos.

Principio del formulario


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *