DAR LA VIDA …VIVE LA RESURRECCION

YO LA DOY VOLUNTARIAMENTE.

Introducción. Agradecido es como está mi espíritu tras la vivencia de estos días de Pascua. Agradecido y sorprendido por lo que la fe aporta y plenifica mi propia vida, y como sirve para ayudar e iluminar la vida de los demás. He vivido lo que cada año nos propone la liturgia de la Iglesia. Los progresivos pasos que Jesús va dando hasta llegar a su muerte y resurrección. Pero lo que sí que ha supuesto una novedad radical es lo identificado que me he sentido, lo implicado, lo protagonista, de todo lo que vive Jesús. En esta Pascua no he tenido que imaginarme lo que vivió Jesús en un ejercicio de «composición de lugar», sino que bastaba con abrir mi corazón y descubrir que en su interior se desarrolla el drama del que Jesús nos invita a participar. El drama de confianza total en los caminos de Dios, o la tentación de recorrer atajos, de buscar recovecos para conseguir mis recompensas sin esperar que vengan de Dios como un don. El dialogo de Jesús con la mujer samaritana es importante. Si conocieras el don de Dios. Si conocieras al Dios que regala, que es gracia, que es gratis. La pedirías tú a él, no me dejes nunca. No dejes que mire la realidad con otros ojos. Solo se mira bien el mundo cuando se ilumina desde la fe.

Lo que Dios nos dice. “Jesús le contestó: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. Le dice la mujer: Señor, no tienes cubo y el pozo es profundo, ¿de dónde sacas agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos legó este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños? Le contestó Jesús: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, pues el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna. Le dice la mujer: Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla.” Jn 4,10-15.

Sin fe las lecturas cotidianas que hacemos de los acontecimientos son permanentes juicios desde mi mirada miope. Yo creo que se lo que convendría, yo tengo claros mis criterios, mis normas de funcionamiento. Pero acabamos diseñando un mundo que no es real, y el contraste con la realidad nos decepciona y nos entristece. Cuando las cosas no son como nosotros las imaginamos nos pasa como a los discípulos de Emaús que con aire entristecido abandonan el proyecto con aire entristecido, en la queja, en el sentimiento de fracaso. Lo que Jesús nos invita a vivir es una lectura de los mismos acontecimientos con una clave: “Era necesario”. Es volver activar el mecanismo de la confianza, y reconocer que en medio de las circunstancias que no se adecuan del todo a nuestros planes, se está desarrollando una historia de salvación acompañada por nuestro Dios. Que nos hace descubrir su verdadero rostro, y nos hace conocernos más en nuestros límites.

“Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo está por encima de la tierra, mis caminos están por encima de los vuestros y mis planes de vuestros planes. Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé semilla al sembrador y pan para comer, así será mi Palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.” Is 55,8-11.

Pedro nunca hubiera conocido lo fanfarrón que era si las circunstancias no le hubieran obligado a definirse. Pero es sus negaciones, en su fragilidad, descubrió una mirada compasiva que le hizo descubrir la verdadera divinidad de Jesús. “Era necesario”. María Magdalena no sabía que era capaz de amar con una calidad de amor tan grande. Junto al sepulcro lloraba porque se había llevado lo que más amaba. No había otra vida más allá de Jesús, una fidelidad, una totalidad, y de repente todo lo que era vacío, todo lo que era desolación se llena de luz, el diálogo con Jesús le vuelve a dar la vida, su mirada, su valoración, su misma misión. Todo vuelve a cobrar sentido. “Era necesario”.

Pues Jesús ha venido a que descubramos como en la historia personal de cada uno de nosotros “era necesario” vivir todas las circunstancias que nos ha tocado pasar. Las que han puesto en crisis todas las seguridades y certezas en las que construimos nuestras vidas. El gran ídolo de hoy se llama seguridad. Y como es imposible que nosotros podamos controlar todas las circunstancias, y todos los acontecimientos depositamos nuestra confianza en criterios, en normas, en modelos de comportamiento. Pensamos que sabemos que es lo mejor que nos puede ocurrir, y la vida nos enseña que se dan unos vuelcos terribles. Para que confiemos en Dios y no en nosotros. Para que nuestra seguridad esté puesta en la relación de confianza en aquel que sabemos que nos ama, y no en nuestras fuerzas, en nuestros recursos, en nuestras estrategias.

“No quisiera, hermanos, que ignoraseis lo que tuvimos que aguantar en la provincia de Asia: algo que nos abrumó tan por encima de nuestras fuerzas, que no esperábamos salir con vida. Dentro de nosotros llevábamos la sentencia de muerte; para que no confiáramos en nosotros, sino en Dios que resucita a los muertos. Él nos libró de tan grave peligro de muerte y nos seguirá librando. Estoy seguro de que nos librará de nuevo”. 2 Cor 1,8-10.

Cómo podemos vivirlo. Que el fruto de esta Pascua sea reconocer que nuestra vida cotidiana es el lugar de la resurrección, en nuestras lágrimas, en nuestras soledades, en nuestras confrontaciones, en nuestros desvelos, es donde con mayor claridad podemos escuchar el grito de Jesús, llamándonos por nuestros nombres y diciéndonos: ¡Vive! Yo estoy contigo todos los días de tu vida. En los que es fácil reconocerme, y en los más difíciles y complicados, pero en los que te cuido y te acompaño igualmente.Principio del formulario


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