Los inmigrantes pagan la crisis

Carta abierta sobre la situación de los Migrantes en Madrid
Hace unos días saltó a los periódicos una información según la cual la Policía Nacional había recibido instrucciones de efectuar redadas deteniendo a los inmigrantes sin papeles. No es difícil identificar a muchos de estos inmigrantes, el color de la piel y los rasgos faciales les denuncian. Los detenidos, hombres y mujeres, pasaban en general una noche en comisaría y se veían de nuevo en la calle con una orden de expulsión en el bolsillo. Inmediatamente el Ministro del Interior compareció ante los medios para explicar que desde su departamento no se había dado ninguna instrucción al respecto. En resumen, que se trataba de un exceso de celo de la Policía Nacional, y no de una campaña sistemática para conseguir, a través del miedo y la angustia provocados, que las personas afectadas decidiesen abandonar el país.
Sin embargo hemos podido comprobar en la Asociación San Rafael, que entre sus funciones asistenciales incluye la de ayudar la inserción y subsistencia de este colectivo, como continúa con una política de vejaciones y persecución inadmisible contra este colectivo:
En la primera semana de abril un grupo de hombres y mujeres inmigrantes que esperaban su turno para ser atendidas en el Centro de Salud de la calle Montesa, se vieron sorprendidos por la policía que les pidió a todos los presentes la documentación (tarjeta de residencia y de trabajo). Los que no tenían sus “papeles en regla” fueron detenidos y trasladados la comisaría más cercana, permaneciendo aislados y sin posibilidad de comunicarse con nadie. Pasadas varias horas, fueron trasladadas esposados a otra comisaría hasta la mañana siguiente que les llevaron a los Juzgados de Plaza Castilla para la asignación del abogado de oficio e iniciar el proceso judicial correspondiente. Qué sociedad más cínica aquella que por una parte concede los cuidados de salud a los inmigrantes ilegales sin más obligación que una tarjeta de empadronamiento y luego les va a buscar a los centros médicos para hostigarles.
Los autobuses, las salidas del metro, los lugares frecuentados por inmigrantes como son: locutorios, algún lugar de reunion, dan la impresión de que son instrumentos válidos para hacer en poco tiempo una buena caza de personas indefensas, horrorizadas, para cumplir con los objetivos que tienen ordenados
No es posible tratar así a las personas. No es admisible dictar instrucciones a las fuerzas del orden para tratar como delincuentes a aquellos que han venido aquí en busca de trabajo y comida, a aquellos de los que esta sociedad se aprovecha aún en el trabajo doméstico, en el cuidado de ancianos y en tantos otros nichos sociales a los que los españoles no queremos o no podemos atender. No son delincuentes, ladrones, aluniceros. Son en su gran mayoría pobre gente honrada que explicará en el futuro en sus países cómo aquí les estamos tratando. Está bien presumir de sociedad europea abierta y comprensiva. Está bien presumir de cómo grupos multinacionales españoles actúan en distintos países. Está bien aportar hombres y elementos a las tareas de paz internacionales, está bien contribuir a los objetivos del milenio, pero ello no nos exime de mantener una honestidad mínima al enfocar la tragedia de este molesto Tercer Mundo que se encuentra entre nosotros, no lejos. En medio de la crisis no hay trabajo en Europa, y los que antes nos servían ahora son ahora inútiles prescindibles y molestos. Hay que quitárselos en medio como se pueda. Todo vale, la opresión, el hostigamiento, el miedo. No importan las situaciones personales y familiares dramáticas. No importa el calvario que están viviendo los inmigrantes sin papeles: temor y pánico de salir a la calle, más aislamiento y más sufrimiento psicológico.
Nuestra sociedad se deteriora y se rebaja cuando permite que su dignidad esencial se vulnere por nuestras propias autoridades. No es ésta una queja contra la policía, sino contra quienes le dan estas instrucciones. Sentimos la necesidad de denunciar el comportamiento, procedimiento y métodos que se siguen utilizando. Estos hombres tienen derechos humanos universales, que se están vulnerando de forma sistemática. Estos derechos están por encima y por delante de los “famosos cupos” que hay que cubrir. No se puede recurrir a procedimientos injustos para encontrarnos más cómodos limpiando nuestras calles de estos que ahora estorban y al tiempo calificar a nuestra sociedad de “democrática, solidaria y humana”.
No hablamos del grupo de delincuentes, que como en todo colectivos los hay, a esos hay obligación de apresarlos
Redadas en las colas de los centros de salud, en los locutorios… No se trata de puros controles selectivos, sino de “ir a por ellos”, ir a “tiro fijo” a los lugares donde se ofrece gratuitamente comida y sanidad, necesidades básicas tan necesarias para sobrevivir…


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